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miércoles, 31 de agosto de 2016

Como Hacer PINTURA de FALSO VITRAL


acuarelas caseras!! atóxicas


Holaaa

Hola amigos l!! A partir de hoy quiero compartir además de mis cuentos y poemas,tutoriales para hacer con los peques! Por ahora serán videos de la web. La idea, es acercarles ideas (valga la redundancia) fáciles, para entretener a los más chiquitos.
El motivo, que me lleva a hacerlo es simplemente una manera de estar cerca y el deseo de ayudarles en esos momentos en que no sabemos que hacer con los niños para entretenerlos, como por ej, una tarde de lluvia, días de cama,vacaciones, o simplemente ganas de compartir una tarde completamente dedicada a ellos. Seguro nuestro niño interior también nos lo agradecerá!. Espero les guste la propuesta!

receta plastilina casera! ideal para hacer con los peques!


jueves, 4 de agosto de 2016

Búsqueda de tesoros

Búsqueda de tesoros

En la despensa había muchos tesoros ocultos, por los que bien valía la pena arriesgarse, pero el humano de la casa, Don Mateo, últimamente refunfuñaba mucho cuando encontraba el queso mordido, la fruta con agujeros, y sobre todo el reguero de granos de maíz.
_ ¿Pero qué cosa hace esto, cada vez que me ausento de la despensa? _decía Don Mateo mientras juntaba el reguero y se deshacía del queso y las frutas mordidas.
Siempre algún ratoncito atrevido, debía correr como flash, para esconderse tras algún objeto o meterse de cabeza en su cueva. Ninguno conocía el peligro, mejor dicho hacían caso omiso a todas las advertencias de sus mayores y amigos. Se habían cansado de decirles que un día los atraparían por confianzudos, pero ellos, de todos modos entraban y salían de la cocina a cualquier hora, estuviese allí o no, el humano.
No así la joven Amparo, era muy cuidadosa. Sus hijitos demandaban mucha leche y ella necesitaba alimentarse a como diera lugar.
Pero no entraba a cualquier hora, lo hacía después de cerciorarse bien, que Don Mateo no estaba. Le gustaba ir degustando las delicias tranquila, mientras llenaba su pancita sin necesidad de exponerse a grandes peligros, ni muchos esfuerzos.
Las repisas, se transformaban en grandes andamios a la hora de buscar el manjar deseado, pero su plato favorito, era el delicioso maíz.
Aquella mañana, tanto comió que se recostó en un cómodo sillón y se quedó dormida, sin advertir siquiera, los pasos de Don Mateo que entraba a la despensa.
_ ¡Te atraparé granuja!- repetía entre dientes Don Mateo, que con una vela en la mano, revisaba estante por estante, luego de ver todo el despilfarro que le habían dejado.
La fuerte respiración de Don Mateo, despertó a Amparo de su siestita. Aún conservaba un granito de maíz entre sus manitos, prueba absoluta del delito cometido.
¿Quién le creería que ella no era culpable del desastre?
Amparo, ni respiraba. Se quedó inmóvil detrás del sillón, que no era más que una vieja brújula de Don Mateo.
Algo debía hacer, pensó y solo una idea vino a su inteligente cabecita. Suspiró y apeló a los buenos sentimientos que seguro tenía Don Mateo, debajo de aquel cuerpo grandote y cara de ogro.
Se paró en la puntita de sus patitas y asomó apenas los bigotes por encima del respaldo, de su improvisado sillón.

Acto seguido, vio como Don Mateo habría los ojos enormes, tanto que parecían dos faroles encendidos.
EL susto fue tal, que Amparo susurró: _ ¡Estoy perdida!
Al humano pareció habérsele olvidado el motivo de la búsqueda, o no ver más allá de su nariz. Don Mateo estiró la mano y tomó la brújula, mientras Amparo apretaba los ojitos y temblaba esperando el golpe final.
Amparo huyó con su tesoro apretado entre las manos y desde un sitio seguro, contemplaba como a aquel humano con cara de ogro que entró en la despensa, se le transformaba el rostro. De tener el ceño fruncido y estar de muy mal genio, una sonrisa se le dibujaba poco a poco.
Se sentó en una silla rústica y no paraba de observar aquella vieja brújula.
_He recuperado un tesoro _decía Don Mateo. Cuántos años buscando esta brújula, regalo y recuerdo de mí querido padre. ¡Cuántas aventuras vividas, cuántos lugares recorridos!
Mirando hacia los estantes, repetía: _ Tranquila ratoncita, hoy me has ayudado a encontrar mi tesoro, me has enseñado que el desprecio que solemos tener por un ser cómo tú, pequeño e indefenso, no tiene razón de ser. Tú buscabas tu tesoro y en esa búsqueda me has devuelto el mío. Ve tranquila ratoncita, que aquí te esperará un tesoro cada vez que regreses.
Amparo volvió a casa aun temblando, del susto y de la sorpresa que recibió, oyendo las palabras de aquel hombre.
Corrió ansiosa, a contarle a todos, la experiencia vivida.
Reinaba el silencio, mientras Amparo relataba los hechos.
_ ¡Les juro, que así sucedió! _repetía la ratoncita_ Y es más, estoy feliz, porque el tesoro mayor que hoy encontré, no fue este granito de maíz, ni los majares que me prometió el humano, fue descubrir que por más refunfuñones y serios, que puedan parecer algunos, debajo siempre hay un corazón que es posible hacer despertar con amor.

Lo que para ti, puede ser un objeto viejo y feo, para otro puede significar mucho, algo inmenso que lo llena de amor.
Recuerden siempre, que los tesoros, no siempre tienen valor material, y aun así son más valiosos, porque se llevarán siempre en el corazón.
Procuren en su vida, colmar su corazón de esos preciosos tesoros.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

Oscar, el elefante bombero.


Oscar, el elefante bombero. 

Carlota era una elefanta muy hermosa y estaba embarazada. Le pesaba mucho su panzota, por lo que debía caminar muy lento, así que siempre la dejaban atrás. Ya estaba resignada a que no le prestaran atención, ni sus amigas ni el padre de su hijo, que lo único que hacía era andar enamorando a todas las elefantas. 
Carlota se sentía triste y sola, además de muy cansada y adolorida.
Por fin la manada encontró un buen sito para alimentarse y la travesía había terminado.
Al menos por un tiempo podría descansar, hasta que naciera su pequeño que ya estaba muy próximo.
Ya habían pasado los 22 meses de gestación, así que en cualquier momento Carlota tendría que encargarse de su hijito. Ya no estaría sola, tendría el mayor de los tesoros junto a ella.
Una mañana muy temprano, Carlota despertó molesta, con mucho dolor en su barriga. No había podido comer en la noche porque se estaba sintiendo mal.
A las pocas horas, después de caminar en círculos y barritar unas cuántas veces, al fin el pequeño Oscar había nacido.
Era un elefantito hermoso, con un plumerillo en su cola y unos ojitos por demás pícaros.
Enseguida el pequeño quiso su leche así que Carlota amamantó a su hijo por primera vez.
El amor madre-hijo podía percibirse en las miradas y caricias que ambos se propinaban al frotar sus trompas.
Oscar crecía rápido. A los 3 meses ya comía frutas pequeñas y hojas tiernas, pero su leche era imprescindible. Era mimoso, juguetón y ya se percibía muy inquieto y curioso.
Un día estaban cerca del lago y Oscar tomó agua con su trompa y comenzó a lanzar chorros con toda su fuerza, los cuales llegaban muy lejos de donde se encontraban. A su madre le hacía mucha gracia verlo hacer eso.
Los meses pasaban y Oscar seguía jugando con el agua, era como una fascinación. No hacía otra cosa más que comer, tomar su leche y jugar con el agua.
Era tan curioso que poco a poco, cada día se alejaba más, buscando partes del río propicias para bajar y cargar mucha agua en su trompa, la que luego lanzaba con tal fuerza contra los árboles, que éstos se tambaleaban. Su madre siempre detrás, a una corta distancia para cuidarlo y protegerlo.
Así fue que un día llegaron muy cerca de una aldea de indígenas.
Tantos los hombres como elefantes quedaron sorprendidos de la cercanía en la que estaban.
Oscar era muy curioso así que no demoró en acercarse mucho más, por más que su madre lo reprendiera. Un niño indígena de unos 5 años, llamado Mawui, hacía lo mismo que Oscar. Se acercaron tanto que ambos se acariciaron.
Ambas madres estaban temblorosas, pero al ver a sus pequeños de ese modo, entendieron que nada pasaría.
A la manada nada le gustó saber está situación. Estaban muy enojados con Carlota, por permitirle al pequeño que se acercara tanto a los humanos.
Carlota intentó prohibírselo, lo mismo que tanto juguete con el agua, porque todos se quejaban de que pasaba mojándolo todo. Pero Oscar llorando le decía a su madre, que él soñaba con el agua, con lanzarla así muy fuerte.
La amistad entre Oscar y el pequeño estaba muy afianzada y Carlota no tuvo corazón para impedirla.
Todas las tardes volvían a la aldea.
La manada comenzó a dejarlos de lado, cosa que entristeció mucho a Carlota, pero ella debía estar junto a su hijo.
Un día cuando se acercaban a la aldea, Oscar y Carlota oyeron gritos humanos muy aterradores.
Los animales corrían hacia el bosque pasando muy cerca de ellos, así que corrieron hacia la aldea, para ver que sucedía.
Muy pronto, pudieron observar las lenguas de fuego, que se levantaban de varias chozas.
¡El infierno gritaba Carlota, ven hijo, no te acerques tenemos que huir!
Mawui lloraba y gritaba pidiendo por sus padres, que intentaban apagar el fuego de su choza, con trozos de trapos y cueros-
Fue entonces que Oscar, se paró en sus patas, haciéndose gigantesco, corrió hacia el rio y tomó tanta agua en su trompa como le fue posible.
Lanzó el agua hacia las chozas con todas sus fuerzas. Una, dos, tres, veces, y el fuego comenzó a ceder. Carlota que miraba azorada a Oscar, transformado, también corrió al río e imitó a su hijo.
El fuego al fin se apagó y toda la aldea abrazaba y veneraba a madre e hijo.
Al fin Carlota comprendió el afán de su pequeño. Su hijo había nacido diferente, él soñaba ser bombero y esa tarde había cumplido su sueño.
La manada entera, supo lo sucedido y conmovidos totalmente, se disculparon con Carlota y Oscar.
Desde ese día Oscar, era uno de los principales de la manada a pesar de su corta edad.
Entendían que cuando en el bosque, se desatara el infierno, como ellos le llamaba a esos fuegos repentinos, muchas veces ocasionados por tormentas, y que muchos animales del bosque quedan atrapados en él, Oscar podría ser de gran ayuda, ya que cómo él, ninguno, para lanzar agua con tanta potencia y exactitud.
Era muy cómico ver a Oscar encabezar la manada, junto a aquellos líderes gigantes.
Su madre lo acompañaba detrás, muy orgullosa y con los ojos empañados de felicidad.

¡Los sueños, hay que perseguirlos!
La vida sin sueños no es nada, y cuando el corazón reclama, es necesario escucharlo, atenderlo y ayudarlo, para que ese sueño se haga realidad.
¡Nunca dejen de soñar!

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

Huellitas de amistad

Huellitas de amistad

Berta era la ratoncita más bella de todas, pero se sentía muy triste y sola. Hacia un tiempo en una inundación había perdido a toda su familia. Ellos lograron subirse a un tronco y la corriente los alejó tanto que los perdió de vista. Ella pudo subir a una cáscara de sandía que flotaba y de allí se agarró fuerte de un trozo de soga que pendía de un techo.
Logró subir a lo más alto del rancho y allí permaneció acurrucada bajo unos cartones, hasta que la lluvia cesó y el sol brilló nuevamente.
Los días pasaban y nada sabía de los suyos. Ahora debía arreglárselas solita. Por suerte comida nunca le faltaba, ya que en la fonda de don Miguel dejaban todos los restos orgánicos en una caja para que las aves y ardillas comieran.
Lo más peligroso era el gato de doña Leonor, que era tan feo y malo como la dueña.
Berta a pesar de ser muy joven era muy astuta, por lo que siempre supo cómo evadirlo y que éste no la atrapara.
De a poco fue haciendo amigos pero la tristeza no se borraba de su corazón ni de sus ojitos. El ver a las familias pasear, comer o reír juntas, le recordaban tanto a los suyos que sus ojitos se llenaban de lágrimas.
Uno de sus amigos era Rabito un perro pequeño de cola cortita, por eso su nombre.
Rabito la acompañaba a todos lados, la hacía reír, jugaba con ella, le hacía cosquillas con sus pequeña colita, pero Berta no lograba ser feliz.
Un día Rabito escuchó a unas ratas, hablar de la fiesta que haría Pancracio, porque habían nacido sus hijos. Era una fiesta muy elegante y para todos los animales del lugar.
Corriendo fue a contarle a Berta.
_Berta, amiga habrá una fiesta en lo de Pancracio, debes ir, quien dice y allí encuentras a tu familia o al menos te diviertes un poco.
_No Rabito, no tengo ganas, además ¿qué me voy a poner? Es una fiesta de gala y yo ando siempre con este vestido todo descolorido.
_Amiga yo escuché que es para todos los animales del pueblo. Don Pancracio está feliz porque nacieron sus hijos y hará una fiesta para todos, vamos, di que sí! Yo quiero ir contigo, vamos, por fis, dale!
_ ¡No Rabito! ¡Mírame! Mi vestido está descolorido, es feo, no tengo que ponerme!!
El cachorro saltaba alrededor de Berta moviendo el rabo como loco. Estaba ansioso, nervioso, algo le estaba sucediendo pero no decía nada.
La fiesta sería en la noche y todos andaban como locos en apronte. Las peinadoras como locas haciendo rulos, todos lustraban sus zapatos, sacaban las galeras, los sombreros, mientras Berta observaba desde un rincón y su carita mostraba la tristeza que llevaba por dentro.
Decidió irse a su piecita a dormir un buen rato para no ver ni oír las risas y los festejos.
Se quitó el vestido y lo dejó sobre la silla. Fundó la cabeza en la pequeña almohadita y se quedó dormida.
Rabito que observaba desde afuera, entró sin hacer ruido alguno, tomó el vestido y salió corriendo.
Al despertarse Berta, estiró su brazo para tomar la ropa y ésta no estaba.
En eso aparece Rabito corriendo y súper feliz.
_ Mira Berta, mira, lo que he traído para ti.
_ ¿De dónde has sacado eso muchacho? Preguntó asombrada Berta, abriendo los ojos enormes.
_ Recordé algo amiga, la humana de mi madre, le pintaba el pelo con jugo de moras! Así que robé tu vestido cuando lo dejaste sobre la silla, lo llevé al mortero de moras, de dona Sonia y lo teñí.
_ ¡Amigo, qué color tan bonito le ha quedado! ¡Es hermoso!
_ Póntelo Berta, quiero verte hermosa con tu vestido nuevo.
Berta se puso el vestido y Rabito le saltaba alrededor, pero sin darse cuenta que tenía las patitas sucias de lodo. El vestido quedó todo manchado, lleno de huellitas de su amigo.
Rabito se puso a llorar desconsolado, porque había destrozado el vestido y la oportunidad de que su amiga, fuese a la fiesta.
_ ¡Calma Rabito! Amigo mío, me has hecho el regalo más hermoso del mundo.
_ ¿Qué regalo amiga, si te he manchado toda?
_ ¡No! ¡Ha quedado súper hermoso! Ahora tiene huellitas de amistad, pintadas en él.
¡Me encanta, estoy feliz! Vamos a la fiesta Rabito.
En un momento se terminó la tristeza, los amigos estaban felices. Juntos se fueron a la fiesta.
Berta era la más bonita y elegante. Todos estaban intrigados. Querían saber dónde había comprado esa belleza de vestido.
Lo más hermoso de todo, fue que casi al final de la fiesta, cuando iban a partir el pastel. Alguien apareció de entre los invitados, gritando su nombre. Era su mamá, que a lo lejos la reconoció.
Esa noche fue mágica. No solo porque la tristeza se fue muy lejos, sino porque había recuperado a su familia, y todo gracias a Rabito, su mejor amigo.
Todo lo que hagamos por nuestros amigos, siempre nos alegrará el corazón.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

La magia de los cuentos.



La magia de los cuentos. 

Aline, era una pequeña dulce, cariñosa y muy alegre, con un gran gusto por la lectura, a pesar de ser una pequeña de tan solo 8 años. En los recreos de la escuela, se la veía rodeada de compañeritos, casi siempre estaban escuchando como les leía, algún libro de cuento.
Ella adoraba los libros, decía que en ellos, había mundos fantásticos y personajes mágicos.
Las vacaciones de invierno se acercaban y los papás de Aline, hacían los últimos preparativos para salir de viaje en familia. Habían comprado una cabaña ubicada a la entrada de un bosque de pinos y cipreses al pie de la montaña, pero aún no habían podido disfrutar de ella.
Antes de irse, la abuelita Catalina le dio de regalo, un enorme y precioso libro de cuentos, para que la pequeña pudiera leer en esa semana. Aline abrió el libro y ojeó sus hojas quedando maravillada por la belleza de las letras, los colores y las ilustraciones.
El viaje se hacía largo. No veía la hora de sentarse a leer, pero llegaron de noche, así que debió dormirse y esperar al día siguiente, para por fin dedicarse a leer su libro.
La ansiedad era mucha, pero el cansancio venció y el sueño llegó enseguida.

La nieve cubría los picos de la montaña y comenzaban a verse copos en lo alto de los árboles y en el tejado de la casita. El paisaje era bellísimo. Al amanecer las aves trinaban tanto que despertaron a todo el mundo.
A pesar del frio, el sol calentaba con fuerza. Aline despertó temprano como todos en la casa. Desayunaron juntos en la mesa de la cocina, frente al ventanal que daba al valle, que estaba lleno de flores y arbustos, para después tupirse el bosque. Luego del desayuno y con su libro debajo del brazo, como siempre, se dirigió al jardín y se sentó en un gran tronco que parecía un banco. Era una delicia estar allí, rodeada de tanta naturaleza.
Mientras admiraba todo, escuchó sollozos y vio como por el caminito que iba al bosque, un pequeño caminaba cabizbajo, medio harapiento y desabrigado.
_Hola, -le dijo Aline-
El pequeño al principio se sorprendió y luego levantó su manito para saludar.
_Hola,- contestó el muchacho muy tímidamente-.
_ ¿Vives aquí? -Peguntó curiosa Aline-.
_ Si, aquí nací y vivo con mi familia.
_ ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Aline.
_Me llamo Gustavo.
_No tienes frio con tan poco ropa Gustavo?
_No… y tú no sientes calor con tanta ropa?
_ jijij- se rio Aline-.. ¡Nooo!, es que aquí hace mucho frio y no estoy acostumbrada.
_ ¿No hay nieve donde vives Aline?
_ ¡No! Donde yo vivo hace mucho calor. ¿Y porque lloras?
_ Mmm es que estoy triste. Paso mis días aburrido. Mis amigos viven en el pueblo y yo aquí, en la montaña lejos de todo y al llegar las vacaciones, todos salen de paseo, pero mi familia es pobre y no podemos salir nunca de la montaña.

En ese instante Aline, tuvo una gran idea, le enseñaría su libro.
_Mira Gustavo, este libro me lo regaló mi abuelita. Tiene muchas historias. Guarda en sus hojas, mundos fantásticos, que seguro quitarán toda tu tristeza.
Gustavo sonrió feliz, porque nunca había visto un libro así de grande y con dibujos tan bonitos.
_Nunca vi un libro así de bonito Aline. En mi escuela los libros son pequeñitos y están viejos, con las hojas ajadas y amarillas, y en casa tengo solo dos, que ya me sé de memoria.
La niña comenzó a leer y los rostros de ambos iban transformándose, a medida que leía página tras página.
Sus ojitos brillaban como las luciérnagas en noches oscuras y la enorme sonrisa de Gustavo, mostraba claramente los huequitos que habían dejado los dos dientes de leche, recién caídos. La tristeza había pasado y las lágrimas que mojaban un rato antes su carita, ya no estaban más.
El niño estaba fascinado con la lectura. Quedó atrapado, como soñando despierto.
A decir verdad, el libro no tenía nada de especial, era Aline la que con su amor por la lectura, hacía que las historias fueran tan especiales. Cada cuento era una aventura.
Aquellas tardes se habían convertido en las más divertidas y entretenidas para ambos, pero sobre todo para Gustavo.
El día de regreso llegó y la despedida fue muy difícil y emotiva para todos. Aline volvería a la escuela, sus padres al trabajo y Gustavo a la rutina diaria, ir a la escuela, ayudar en las tareas y luego recorrer el bosque juntando piñas para el hogar.
_Te extrañaré mucho Aline, susurro Gustavo con lágrimas en los ojos-.
_También yo amiguito- mientras le estiraba los brazos para darle un abrazo-.
Aline y su familia subieron a la camioneta y emprendieron el viaje de regreso, mientras las manitos de ambos niños, no paraban de hacer adiós, hasta que se perdieron en el horizonte.
Desde esos días, algo había cambiado para siempre en Gustavo. Aline, le enseño a descubrir esos mágicos mundos de los libros, así que aquellos viejos libros de la escuela, ya no le eran aburridos, sino que se convirtieron en sus compañeros aliados, para sus tardes solitarias.
Además, los dos sabían que muchas aventuras los esperaban en las próximas vacaciones, cuando juntos navegaran a través de la imaginación, en un mar de letras, solo restaba esperarlas.
Todos los libros custodian mundos fantásticos, esperando que alguien leyendo con amor, aprenda a descubrirlos.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

La sopa de calabazas.


La sopa de calabazas.

Después del desayuno, Julia la señora que aseaba el castillo, fue a cortar las flores para el casamiento de la princesa, Cecil. Camino del jardín, recordó el último baile que habían hecho en el castillo, hacía unos 12 años, antes de morir el Rey. Luego no se hicieron más aquellas fiestas que reunían a tanta gente, invitados y empleados, los que se contrataban por docenas.
Ese día encontró escondido en el desván, a un niño pobre y de mirada entristecida, sin zapatillas que olía a pescado y tenía las manos muy sucias. Se le veía desesperado, no era difícil adivinar, que lo habían abandonado. Era pleno otoño y el frio ya se hacía sentir, por lo que el pequeño no demoró en comenzar a estornudar. Julia era muy especial, quería mucho a los niños, así que no dudó, en hacerle una sopa de calabaza, para que entrara en calor al menos y la panza dejara de hacerle aquel terrible ruido, que parecía un gato gruñendo.
Que habrá sido de aquel pequeño pensaba la mujer.
_Recuerdo que luego de comerse la sopa, con un hambre voraz, parecía haber recuperado hasta los sentidos. Sus manos y pies se entibiaron y su mirada recobró algo de brillo.
Me dio un beso que jamás podré olvidar y corrió por el jardín hasta perderse de vista.
A la mujer le dolía el corazón, solo de recordarle. ¿Cómo estaría hoy después de tantos años?
Ya cortadas las flores, regresaba al castillo, cuando escuchó las campanas que indicaban que alguien estaba llamando.
El portero se acercó, y un joven le entregaba un paquete.
Era para Julia. Una pequeña cajita acompañada de un hermoso pergamino con una inscripción que decía:
Mi padre había caído enfermo y ese día me había confiado todo el pescado, para que yo lo entregara en la fiesta. En el camino, alguien intentó robarme el pescado y yo no podía permitirlo. El dinero que me darían sería para comprar la medicina de mi padre y el sustento de la familia, mientras él no pudiera volver al mar. Yo logré escaparme del ladrón, pero caí en un pozo, perdí las zapatillas y quedé oliendo apestosamente a pescado. Al llegar al castillo vi las puertas abiertas y entré, dejé el pescado en una mesa de la cocina pero alguien entró y al verme andrajoso, antes de dejarme hablar, gritó que había un ratero y comenzaron a correrme y a decir que me dejarían en un orfanato, ya que ni padres tendría.
Solo pude correr y esconderme en aquel desván. Tenía miedo, hambre y frio. Y usted se apiadó de mí sin importarle mi apariencia. Trabajé mucho después de eso, para ayudar a mi familia y cuando hicimos aquel hallazgo con mi padre, supimos que una le pertenecía a usted. Nunca olvidé su gesto, y prometí regresar para decírselo.
Gracias, por esa exquisita sopa de calabaza, que aquel otoño, le dio calor a mi vida.
La mujer no podía contener las lágrimas. Como pudo abrió la pequeña cajita, que contenía nada más ni nada menos que una hermosa y enorme perla.

Aquel niño andrajoso, era hoy un joven de muy buena posición, gracias a las perlas que un día encontraron con su padre. Pero nunca olvidó el gesto de la mujer que le ayudó, sin juzgar las apariencias.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

Caminito de hormigas

Caminito de hormigas 

Las hormigas van luchando
con su carga muy pesada,
bajo la atenta mirada
de algunas que están jugando.

Son todas muy laboriosas,
todo el verano trabajan.
Muy juntitas siempre viajan
atentas y silenciosas.

Van y vienen sin parar,
llevando hojitas al nido.
Es muy largo el recorrido
y no paran a descansar.

Saben que todo su esfuerzo
tendrá luego recompensa,
pues llenaron la despensa
con delicias para el almuerzo.

Luego en épocas lluviosas
mientras comen, sin apuro
planean para el futuro
cosechas aún más sabrosas.

Pero aquellas haraganas,
que mirando se pasaban,
ahora se lamentaban
de no ser como las hermanas.

La panza les chilla fuerte,
del hambre, se están muriendo.
Por suerte están aprendiendo
que esforzándose, se revierte.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

El encantapájaros


El encantapájaros

El granjero muy cansado
de ver comidos sus granos,
se imaginó un empleado
que creara con sus manos.

Que eran las aves pensaba
y las quería asustar,
muy equivocado estaba,
pronto se iba a enterar.

Creó un muñeco andrajoso,
y lo dejo en el plantío.
Dijo: se ve tenebroso
que esto funcione, confío.

Pero aquel espantapájaros
es tan bueno y solidario,
que en vez de espantar los pájaros
hace todo lo contrario.

Anidan en su sombrero
y le cantan serenata.
Si se viene un aguacero,
se abrigan bajo su bata.

Un día de recorrido
vio a las aves en las plantas.
Uf, ahora sí estoy perdido,
si tú no espantas, ¡encantas!

Las aves comían gusanos
y los gusanos, sus granos...
El hombre quiso espantar
a quien lo venía ayudar...

Con todo lo vivido, ha comprendido,
la grandeza, de la naturaleza...
No hacemos nada más, que entorpecer,
lo que ella solita, bien sabe hacer.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

Dulce amistad




Dulce amistad

Dulce, era un hada con alitas de azúcar. Tenía siempre a su alrededor muchas mariposas, que no dejaban de darle besos en sus alitas, es que eran tan dulces mmmm… ¡No podían dejar de hacerlo! Mientras más amor le daban las mariposas, más dulces se volvían sus alitas.
Dulce tenía muchos amiguitos, pero Orejas” un conejito, había crecido con ella, era como su hermanito y le adoraba. Una tarde estaban jugando en el bosque y Dulce, se entretuvo oliendo las flores y jugando con una abejitas que en ellas había. Orejas también estaba con ella, pero, una hermosa conejita pasó por el lugar y la siguió. ¡Es que era tan linda! Orejas, se enamoró a primera vista, y se fue tras ella. La conejita parecía muy curiosa, y saltaba de aquí para allá y terminaron los dos perdidos. Llorando los dos, se encontraron detrás de un árbol y se pusieron a conversar. Ella se llamaba Pompita”. Le contó que había quedado solita, porque unos cazadores le habían matado a su mamá y ella escapó por poco. Orejas, le contó que él tenía una amiguita muy buena, el hada Dulce, que tenía las alitas de azúcar.
_¡Si supiera regresar! Decía Orejas muy triste. Te llevaría conmigo, seguro serías muy feliz con nosotros. Pero no sé cómo regresar y está por anochecer. Debemos estar juntos y protegernos. Dulce debe estar muy preocupada, no debí irme sin avisarle, que triste debe estar por mi irresponsabilidad.

Mientras tanto Dulce, estaba desesperada ya, buscando y llamando a Orejas, que por ningún lado aparecía. Tuvieron que regresar a la casa porque ya estaba anocheciendo. Estaba muy triste, lo extrañaba mucho. Lloró toda la noche, tanto, que sus alitas, comenzaron a derretirse.
Se quedó sin alas y sin magia. Las maripositas estaba desesperadas viendo a Dulce tan triste. Algo debían hacer. A la mañana siguiente bien temprano se fueron al bosque con Dulce.
Buscaron mucho, caminaron, subían a los árboles y nada, Orejas no aparecía.
Cansada Dulce, se recostó en la hierba a los pies de un árbol a descansar y se durmió exhausta.
Las maripositas dijeron, saldremos nosotras solas, ella no puede seguir más. Así que agitaron mucho sus alitas y subieron lo más alto que pudieron. Sobrevolaban el bosque y ya cuando estaban por darse por vencidas, vieron a Orejas con Pompita. Bajaron y él les contó que siguiendo a Pompita, se había perdido. Ella no tiene a nadie les decía, debemos ayudarla también. Así que las mariposas guiaron a los conejitos hasta donde se encontraba Dulce.
La pequeña aun dormía así que Orejas y Pompita comenzaron a darle besos. Las mariposas se dieron cuenta que sus alitas, se recuperaban. Comenzaban nuevamente a destellar aquellos hilitos de plata que parecía tener. Así que ellas también, le daban besos como siempre en sus alitas. Hasta que estuvieron sanas totalmente. Dulce despertó y al ver a sus amigos con ella y sus alitas restablecidas pensó que había soñado todo. Entendió que no, cuando vio a Pompita.
Sus amigos le contaron todo lo sucedido y no hicieron más que abrazarse entre todos y decirse cuánto se querían y cuánta falta le había hecho uno al otro.
Pompita ahora tenía muchos amigos, una familia. Nunca más estaría solita. Y Orejas, Dulce y las mariposas, aprendieron a valorar mucha más a la amistad, diciéndose siempre cuanto se amaban y acompañándose en todo, en las buenas y en las malas.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)