El violinista
Estaba todo listo para la gran cena de gala.
La entrada con alfombra roja, para recibir a los invitados;
todos, ricos y famosos.
Había mucho movimiento de los guardias de seguridad, no
fuese cosa que alguien se colara.
Ya podían escucharse algunas melodías, pero todos esperaban
ansiosos la llegada de un violinista, que según decían era extraordinario.
Una mujer, muy altanera y presumida, decía...
_ ¿Cuánto más
tendremos que esperar?? De dónde viene, del otro lado del mundo?
Poco después a Mario y Susana, los anfitriones, les llega un
comunicado. El músico había tenido un inconveniente grave de salud y le sería
imposible llegar a la cena.
No podían decirles a los invitados, sabían que todo
terminaría muy mal, si le decían que el músico no llegaría.
Uno de los guardias, llama a un costado a Mario y le cuenta,
que en el jardín encontraron a un hombre
que parece medio tonto, pero que insiste en que es músico, que le permitan
tocar en la fiesta, que es su sueño y que sería una gran oportunidad para él.
_ ¿Qué hacemos jefe? _dijo el guardia_ ¿lo sacamos a
patadas? ¿Llamamos a la policía? Usted
indique jefe.
Pero Mario y su esposa, tenían un gran corazón, eran ricos
sí, pero sumamente bondadosos y
generosos con los demás, no hacían diferencias sociales de ningún tipo, así que
una gran idea vino a su cabeza.
_ ¡Quizá es la solución! _pensó Mario_… confiaré que
realmente sabe tocar, la ropa que trae no está tan mal, solo le quedaba
bastante grande, quizá los invitados se traguen el cuento y terminamos la
fiesta en paz.
Cuando le comunican al extraño, que lo dejarían tocar; éste saca de un escondite entre las plantas
del jardín, dos instrumentos.
_Vaya… _dijeron los guardias_ ¡sí que venía preparado!
Aquel hombre que parecía ser medio tonto, iba
transformándose a medida que acortaba distancia con el gran salón y el escenario que lo esperaba. Sus pisadas
eran fuertes, decididas, como si estuviese acostumbrado a presentarse ante
público.
Ya todo estaba en marcha, no había vuelta atrás, el músico
saldría a escena y que fuese lo que Dios quiera… _dijo uno de los guardias_ menando
la cabeza y pensando que el patrón
realmente se había vuelto loco. Aquello podría convertirse en el ridículo más grande
y humillante de todos.
Se abrió el telón y algunos enseguida repararon en su
vestimenta, que no es de gala, que es un andrajoso, que si tiene los pelos
revueltos, que si un ojo chueco… el pobre músico era la comidilla de los
presentes.
Mario y Susana, rogaban al cielo porque aquel hombre tocara
de maravillas, de otro modo... ufff tendrían que soportar años de críticas y
burlas, pero sinceramente no les importaba mucho, al fin y al cabo estaban
cumpliendo un sueño a alguien y eso era maravilloso.
Para asombro de todos, la primera nota del arpa, ya hizo las delicias de los presentes.
Los aplausos no pudieron demorarse. Dejó el arpa y tomó un violín y fue
entonces que los dejó mudos.
Después de dar un magnífico e impresionante concierto,
saludó con una reverencia y tomándose el pelo con una mano, se quitó la peluca.
Debajo tenía el pelo perfectamente engominado. Luego se quitó aquel saco que le quedaba enorme,
para quedar vestido de etiqueta.
En el salón, no volaba una mosca. Todos, estaban atónitos.
El músico se acercó al micrófono, agradeció a todos por los
aplausos y se presentó.
_ Buenas noches a todos. Soy Aroldo, el famoso violinista.
Contó a todos, lo sucedido esa noche antes de comenzar el
concierto.
Hoy Mario y Susana, le dieron la oportunidad a un
desconocido que solamente les pidió cumplir un sueño.
Después de viajar por el mundo entero y ver que la mayoría
de las veces, las oportunidades se dan porque tienes un nombre, o porque eres
famoso, decidí hacerle ver a los demás,
que todos tenemos derecho a cumplir los sueños y a tener oportunidades, para
mostrar y compartir lo que amamos hacer.
Ojalá lo ocurrido esta noche, les sirva a todos, para
recordar siempre, que un traje de gala, alhajas caras, buen auto, mucho dinero,
no hacen a las personas mejores. Lo que hace a una persona mejor es su corazón,
su don de gente, su respeto y amor por el trabajo de los demás. Lo realmente valioso es lo que llevamos en el
interior, lo exterior, con los años…
desaparece.
Mónica Beneroso
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