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miércoles, 31 de agosto de 2016

Como Hacer PINTURA de FALSO VITRAL


acuarelas caseras!! atóxicas


Holaaa

Hola amigos l!! A partir de hoy quiero compartir además de mis cuentos y poemas,tutoriales para hacer con los peques! Por ahora serán videos de la web. La idea, es acercarles ideas (valga la redundancia) fáciles, para entretener a los más chiquitos.
El motivo, que me lleva a hacerlo es simplemente una manera de estar cerca y el deseo de ayudarles en esos momentos en que no sabemos que hacer con los niños para entretenerlos, como por ej, una tarde de lluvia, días de cama,vacaciones, o simplemente ganas de compartir una tarde completamente dedicada a ellos. Seguro nuestro niño interior también nos lo agradecerá!. Espero les guste la propuesta!

receta plastilina casera! ideal para hacer con los peques!


jueves, 4 de agosto de 2016

Búsqueda de tesoros

Búsqueda de tesoros

En la despensa había muchos tesoros ocultos, por los que bien valía la pena arriesgarse, pero el humano de la casa, Don Mateo, últimamente refunfuñaba mucho cuando encontraba el queso mordido, la fruta con agujeros, y sobre todo el reguero de granos de maíz.
_ ¿Pero qué cosa hace esto, cada vez que me ausento de la despensa? _decía Don Mateo mientras juntaba el reguero y se deshacía del queso y las frutas mordidas.
Siempre algún ratoncito atrevido, debía correr como flash, para esconderse tras algún objeto o meterse de cabeza en su cueva. Ninguno conocía el peligro, mejor dicho hacían caso omiso a todas las advertencias de sus mayores y amigos. Se habían cansado de decirles que un día los atraparían por confianzudos, pero ellos, de todos modos entraban y salían de la cocina a cualquier hora, estuviese allí o no, el humano.
No así la joven Amparo, era muy cuidadosa. Sus hijitos demandaban mucha leche y ella necesitaba alimentarse a como diera lugar.
Pero no entraba a cualquier hora, lo hacía después de cerciorarse bien, que Don Mateo no estaba. Le gustaba ir degustando las delicias tranquila, mientras llenaba su pancita sin necesidad de exponerse a grandes peligros, ni muchos esfuerzos.
Las repisas, se transformaban en grandes andamios a la hora de buscar el manjar deseado, pero su plato favorito, era el delicioso maíz.
Aquella mañana, tanto comió que se recostó en un cómodo sillón y se quedó dormida, sin advertir siquiera, los pasos de Don Mateo que entraba a la despensa.
_ ¡Te atraparé granuja!- repetía entre dientes Don Mateo, que con una vela en la mano, revisaba estante por estante, luego de ver todo el despilfarro que le habían dejado.
La fuerte respiración de Don Mateo, despertó a Amparo de su siestita. Aún conservaba un granito de maíz entre sus manitos, prueba absoluta del delito cometido.
¿Quién le creería que ella no era culpable del desastre?
Amparo, ni respiraba. Se quedó inmóvil detrás del sillón, que no era más que una vieja brújula de Don Mateo.
Algo debía hacer, pensó y solo una idea vino a su inteligente cabecita. Suspiró y apeló a los buenos sentimientos que seguro tenía Don Mateo, debajo de aquel cuerpo grandote y cara de ogro.
Se paró en la puntita de sus patitas y asomó apenas los bigotes por encima del respaldo, de su improvisado sillón.

Acto seguido, vio como Don Mateo habría los ojos enormes, tanto que parecían dos faroles encendidos.
EL susto fue tal, que Amparo susurró: _ ¡Estoy perdida!
Al humano pareció habérsele olvidado el motivo de la búsqueda, o no ver más allá de su nariz. Don Mateo estiró la mano y tomó la brújula, mientras Amparo apretaba los ojitos y temblaba esperando el golpe final.
Amparo huyó con su tesoro apretado entre las manos y desde un sitio seguro, contemplaba como a aquel humano con cara de ogro que entró en la despensa, se le transformaba el rostro. De tener el ceño fruncido y estar de muy mal genio, una sonrisa se le dibujaba poco a poco.
Se sentó en una silla rústica y no paraba de observar aquella vieja brújula.
_He recuperado un tesoro _decía Don Mateo. Cuántos años buscando esta brújula, regalo y recuerdo de mí querido padre. ¡Cuántas aventuras vividas, cuántos lugares recorridos!
Mirando hacia los estantes, repetía: _ Tranquila ratoncita, hoy me has ayudado a encontrar mi tesoro, me has enseñado que el desprecio que solemos tener por un ser cómo tú, pequeño e indefenso, no tiene razón de ser. Tú buscabas tu tesoro y en esa búsqueda me has devuelto el mío. Ve tranquila ratoncita, que aquí te esperará un tesoro cada vez que regreses.
Amparo volvió a casa aun temblando, del susto y de la sorpresa que recibió, oyendo las palabras de aquel hombre.
Corrió ansiosa, a contarle a todos, la experiencia vivida.
Reinaba el silencio, mientras Amparo relataba los hechos.
_ ¡Les juro, que así sucedió! _repetía la ratoncita_ Y es más, estoy feliz, porque el tesoro mayor que hoy encontré, no fue este granito de maíz, ni los majares que me prometió el humano, fue descubrir que por más refunfuñones y serios, que puedan parecer algunos, debajo siempre hay un corazón que es posible hacer despertar con amor.

Lo que para ti, puede ser un objeto viejo y feo, para otro puede significar mucho, algo inmenso que lo llena de amor.
Recuerden siempre, que los tesoros, no siempre tienen valor material, y aun así son más valiosos, porque se llevarán siempre en el corazón.
Procuren en su vida, colmar su corazón de esos preciosos tesoros.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

Oscar, el elefante bombero.


Oscar, el elefante bombero. 

Carlota era una elefanta muy hermosa y estaba embarazada. Le pesaba mucho su panzota, por lo que debía caminar muy lento, así que siempre la dejaban atrás. Ya estaba resignada a que no le prestaran atención, ni sus amigas ni el padre de su hijo, que lo único que hacía era andar enamorando a todas las elefantas. 
Carlota se sentía triste y sola, además de muy cansada y adolorida.
Por fin la manada encontró un buen sito para alimentarse y la travesía había terminado.
Al menos por un tiempo podría descansar, hasta que naciera su pequeño que ya estaba muy próximo.
Ya habían pasado los 22 meses de gestación, así que en cualquier momento Carlota tendría que encargarse de su hijito. Ya no estaría sola, tendría el mayor de los tesoros junto a ella.
Una mañana muy temprano, Carlota despertó molesta, con mucho dolor en su barriga. No había podido comer en la noche porque se estaba sintiendo mal.
A las pocas horas, después de caminar en círculos y barritar unas cuántas veces, al fin el pequeño Oscar había nacido.
Era un elefantito hermoso, con un plumerillo en su cola y unos ojitos por demás pícaros.
Enseguida el pequeño quiso su leche así que Carlota amamantó a su hijo por primera vez.
El amor madre-hijo podía percibirse en las miradas y caricias que ambos se propinaban al frotar sus trompas.
Oscar crecía rápido. A los 3 meses ya comía frutas pequeñas y hojas tiernas, pero su leche era imprescindible. Era mimoso, juguetón y ya se percibía muy inquieto y curioso.
Un día estaban cerca del lago y Oscar tomó agua con su trompa y comenzó a lanzar chorros con toda su fuerza, los cuales llegaban muy lejos de donde se encontraban. A su madre le hacía mucha gracia verlo hacer eso.
Los meses pasaban y Oscar seguía jugando con el agua, era como una fascinación. No hacía otra cosa más que comer, tomar su leche y jugar con el agua.
Era tan curioso que poco a poco, cada día se alejaba más, buscando partes del río propicias para bajar y cargar mucha agua en su trompa, la que luego lanzaba con tal fuerza contra los árboles, que éstos se tambaleaban. Su madre siempre detrás, a una corta distancia para cuidarlo y protegerlo.
Así fue que un día llegaron muy cerca de una aldea de indígenas.
Tantos los hombres como elefantes quedaron sorprendidos de la cercanía en la que estaban.
Oscar era muy curioso así que no demoró en acercarse mucho más, por más que su madre lo reprendiera. Un niño indígena de unos 5 años, llamado Mawui, hacía lo mismo que Oscar. Se acercaron tanto que ambos se acariciaron.
Ambas madres estaban temblorosas, pero al ver a sus pequeños de ese modo, entendieron que nada pasaría.
A la manada nada le gustó saber está situación. Estaban muy enojados con Carlota, por permitirle al pequeño que se acercara tanto a los humanos.
Carlota intentó prohibírselo, lo mismo que tanto juguete con el agua, porque todos se quejaban de que pasaba mojándolo todo. Pero Oscar llorando le decía a su madre, que él soñaba con el agua, con lanzarla así muy fuerte.
La amistad entre Oscar y el pequeño estaba muy afianzada y Carlota no tuvo corazón para impedirla.
Todas las tardes volvían a la aldea.
La manada comenzó a dejarlos de lado, cosa que entristeció mucho a Carlota, pero ella debía estar junto a su hijo.
Un día cuando se acercaban a la aldea, Oscar y Carlota oyeron gritos humanos muy aterradores.
Los animales corrían hacia el bosque pasando muy cerca de ellos, así que corrieron hacia la aldea, para ver que sucedía.
Muy pronto, pudieron observar las lenguas de fuego, que se levantaban de varias chozas.
¡El infierno gritaba Carlota, ven hijo, no te acerques tenemos que huir!
Mawui lloraba y gritaba pidiendo por sus padres, que intentaban apagar el fuego de su choza, con trozos de trapos y cueros-
Fue entonces que Oscar, se paró en sus patas, haciéndose gigantesco, corrió hacia el rio y tomó tanta agua en su trompa como le fue posible.
Lanzó el agua hacia las chozas con todas sus fuerzas. Una, dos, tres, veces, y el fuego comenzó a ceder. Carlota que miraba azorada a Oscar, transformado, también corrió al río e imitó a su hijo.
El fuego al fin se apagó y toda la aldea abrazaba y veneraba a madre e hijo.
Al fin Carlota comprendió el afán de su pequeño. Su hijo había nacido diferente, él soñaba ser bombero y esa tarde había cumplido su sueño.
La manada entera, supo lo sucedido y conmovidos totalmente, se disculparon con Carlota y Oscar.
Desde ese día Oscar, era uno de los principales de la manada a pesar de su corta edad.
Entendían que cuando en el bosque, se desatara el infierno, como ellos le llamaba a esos fuegos repentinos, muchas veces ocasionados por tormentas, y que muchos animales del bosque quedan atrapados en él, Oscar podría ser de gran ayuda, ya que cómo él, ninguno, para lanzar agua con tanta potencia y exactitud.
Era muy cómico ver a Oscar encabezar la manada, junto a aquellos líderes gigantes.
Su madre lo acompañaba detrás, muy orgullosa y con los ojos empañados de felicidad.

¡Los sueños, hay que perseguirlos!
La vida sin sueños no es nada, y cuando el corazón reclama, es necesario escucharlo, atenderlo y ayudarlo, para que ese sueño se haga realidad.
¡Nunca dejen de soñar!

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)