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jueves, 4 de agosto de 2016

Búsqueda de tesoros

Búsqueda de tesoros

En la despensa había muchos tesoros ocultos, por los que bien valía la pena arriesgarse, pero el humano de la casa, Don Mateo, últimamente refunfuñaba mucho cuando encontraba el queso mordido, la fruta con agujeros, y sobre todo el reguero de granos de maíz.
_ ¿Pero qué cosa hace esto, cada vez que me ausento de la despensa? _decía Don Mateo mientras juntaba el reguero y se deshacía del queso y las frutas mordidas.
Siempre algún ratoncito atrevido, debía correr como flash, para esconderse tras algún objeto o meterse de cabeza en su cueva. Ninguno conocía el peligro, mejor dicho hacían caso omiso a todas las advertencias de sus mayores y amigos. Se habían cansado de decirles que un día los atraparían por confianzudos, pero ellos, de todos modos entraban y salían de la cocina a cualquier hora, estuviese allí o no, el humano.
No así la joven Amparo, era muy cuidadosa. Sus hijitos demandaban mucha leche y ella necesitaba alimentarse a como diera lugar.
Pero no entraba a cualquier hora, lo hacía después de cerciorarse bien, que Don Mateo no estaba. Le gustaba ir degustando las delicias tranquila, mientras llenaba su pancita sin necesidad de exponerse a grandes peligros, ni muchos esfuerzos.
Las repisas, se transformaban en grandes andamios a la hora de buscar el manjar deseado, pero su plato favorito, era el delicioso maíz.
Aquella mañana, tanto comió que se recostó en un cómodo sillón y se quedó dormida, sin advertir siquiera, los pasos de Don Mateo que entraba a la despensa.
_ ¡Te atraparé granuja!- repetía entre dientes Don Mateo, que con una vela en la mano, revisaba estante por estante, luego de ver todo el despilfarro que le habían dejado.
La fuerte respiración de Don Mateo, despertó a Amparo de su siestita. Aún conservaba un granito de maíz entre sus manitos, prueba absoluta del delito cometido.
¿Quién le creería que ella no era culpable del desastre?
Amparo, ni respiraba. Se quedó inmóvil detrás del sillón, que no era más que una vieja brújula de Don Mateo.
Algo debía hacer, pensó y solo una idea vino a su inteligente cabecita. Suspiró y apeló a los buenos sentimientos que seguro tenía Don Mateo, debajo de aquel cuerpo grandote y cara de ogro.
Se paró en la puntita de sus patitas y asomó apenas los bigotes por encima del respaldo, de su improvisado sillón.

Acto seguido, vio como Don Mateo habría los ojos enormes, tanto que parecían dos faroles encendidos.
EL susto fue tal, que Amparo susurró: _ ¡Estoy perdida!
Al humano pareció habérsele olvidado el motivo de la búsqueda, o no ver más allá de su nariz. Don Mateo estiró la mano y tomó la brújula, mientras Amparo apretaba los ojitos y temblaba esperando el golpe final.
Amparo huyó con su tesoro apretado entre las manos y desde un sitio seguro, contemplaba como a aquel humano con cara de ogro que entró en la despensa, se le transformaba el rostro. De tener el ceño fruncido y estar de muy mal genio, una sonrisa se le dibujaba poco a poco.
Se sentó en una silla rústica y no paraba de observar aquella vieja brújula.
_He recuperado un tesoro _decía Don Mateo. Cuántos años buscando esta brújula, regalo y recuerdo de mí querido padre. ¡Cuántas aventuras vividas, cuántos lugares recorridos!
Mirando hacia los estantes, repetía: _ Tranquila ratoncita, hoy me has ayudado a encontrar mi tesoro, me has enseñado que el desprecio que solemos tener por un ser cómo tú, pequeño e indefenso, no tiene razón de ser. Tú buscabas tu tesoro y en esa búsqueda me has devuelto el mío. Ve tranquila ratoncita, que aquí te esperará un tesoro cada vez que regreses.
Amparo volvió a casa aun temblando, del susto y de la sorpresa que recibió, oyendo las palabras de aquel hombre.
Corrió ansiosa, a contarle a todos, la experiencia vivida.
Reinaba el silencio, mientras Amparo relataba los hechos.
_ ¡Les juro, que así sucedió! _repetía la ratoncita_ Y es más, estoy feliz, porque el tesoro mayor que hoy encontré, no fue este granito de maíz, ni los majares que me prometió el humano, fue descubrir que por más refunfuñones y serios, que puedan parecer algunos, debajo siempre hay un corazón que es posible hacer despertar con amor.

Lo que para ti, puede ser un objeto viejo y feo, para otro puede significar mucho, algo inmenso que lo llena de amor.
Recuerden siempre, que los tesoros, no siempre tienen valor material, y aun así son más valiosos, porque se llevarán siempre en el corazón.
Procuren en su vida, colmar su corazón de esos preciosos tesoros.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

2 comentarios:

  1. Excelente tu trabajo Moni.... un gusto haber llegado hasta aquí. Besos amiga!

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  2. Gracias aguamarina, feliz de que hayas llegado a mi Rincón y me dejaras las huellas de tu paso! me alegra te guste. Besos!

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