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jueves, 4 de agosto de 2016

Huellitas de amistad

Huellitas de amistad

Berta era la ratoncita más bella de todas, pero se sentía muy triste y sola. Hacia un tiempo en una inundación había perdido a toda su familia. Ellos lograron subirse a un tronco y la corriente los alejó tanto que los perdió de vista. Ella pudo subir a una cáscara de sandía que flotaba y de allí se agarró fuerte de un trozo de soga que pendía de un techo.
Logró subir a lo más alto del rancho y allí permaneció acurrucada bajo unos cartones, hasta que la lluvia cesó y el sol brilló nuevamente.
Los días pasaban y nada sabía de los suyos. Ahora debía arreglárselas solita. Por suerte comida nunca le faltaba, ya que en la fonda de don Miguel dejaban todos los restos orgánicos en una caja para que las aves y ardillas comieran.
Lo más peligroso era el gato de doña Leonor, que era tan feo y malo como la dueña.
Berta a pesar de ser muy joven era muy astuta, por lo que siempre supo cómo evadirlo y que éste no la atrapara.
De a poco fue haciendo amigos pero la tristeza no se borraba de su corazón ni de sus ojitos. El ver a las familias pasear, comer o reír juntas, le recordaban tanto a los suyos que sus ojitos se llenaban de lágrimas.
Uno de sus amigos era Rabito un perro pequeño de cola cortita, por eso su nombre.
Rabito la acompañaba a todos lados, la hacía reír, jugaba con ella, le hacía cosquillas con sus pequeña colita, pero Berta no lograba ser feliz.
Un día Rabito escuchó a unas ratas, hablar de la fiesta que haría Pancracio, porque habían nacido sus hijos. Era una fiesta muy elegante y para todos los animales del lugar.
Corriendo fue a contarle a Berta.
_Berta, amiga habrá una fiesta en lo de Pancracio, debes ir, quien dice y allí encuentras a tu familia o al menos te diviertes un poco.
_No Rabito, no tengo ganas, además ¿qué me voy a poner? Es una fiesta de gala y yo ando siempre con este vestido todo descolorido.
_Amiga yo escuché que es para todos los animales del pueblo. Don Pancracio está feliz porque nacieron sus hijos y hará una fiesta para todos, vamos, di que sí! Yo quiero ir contigo, vamos, por fis, dale!
_ ¡No Rabito! ¡Mírame! Mi vestido está descolorido, es feo, no tengo que ponerme!!
El cachorro saltaba alrededor de Berta moviendo el rabo como loco. Estaba ansioso, nervioso, algo le estaba sucediendo pero no decía nada.
La fiesta sería en la noche y todos andaban como locos en apronte. Las peinadoras como locas haciendo rulos, todos lustraban sus zapatos, sacaban las galeras, los sombreros, mientras Berta observaba desde un rincón y su carita mostraba la tristeza que llevaba por dentro.
Decidió irse a su piecita a dormir un buen rato para no ver ni oír las risas y los festejos.
Se quitó el vestido y lo dejó sobre la silla. Fundó la cabeza en la pequeña almohadita y se quedó dormida.
Rabito que observaba desde afuera, entró sin hacer ruido alguno, tomó el vestido y salió corriendo.
Al despertarse Berta, estiró su brazo para tomar la ropa y ésta no estaba.
En eso aparece Rabito corriendo y súper feliz.
_ Mira Berta, mira, lo que he traído para ti.
_ ¿De dónde has sacado eso muchacho? Preguntó asombrada Berta, abriendo los ojos enormes.
_ Recordé algo amiga, la humana de mi madre, le pintaba el pelo con jugo de moras! Así que robé tu vestido cuando lo dejaste sobre la silla, lo llevé al mortero de moras, de dona Sonia y lo teñí.
_ ¡Amigo, qué color tan bonito le ha quedado! ¡Es hermoso!
_ Póntelo Berta, quiero verte hermosa con tu vestido nuevo.
Berta se puso el vestido y Rabito le saltaba alrededor, pero sin darse cuenta que tenía las patitas sucias de lodo. El vestido quedó todo manchado, lleno de huellitas de su amigo.
Rabito se puso a llorar desconsolado, porque había destrozado el vestido y la oportunidad de que su amiga, fuese a la fiesta.
_ ¡Calma Rabito! Amigo mío, me has hecho el regalo más hermoso del mundo.
_ ¿Qué regalo amiga, si te he manchado toda?
_ ¡No! ¡Ha quedado súper hermoso! Ahora tiene huellitas de amistad, pintadas en él.
¡Me encanta, estoy feliz! Vamos a la fiesta Rabito.
En un momento se terminó la tristeza, los amigos estaban felices. Juntos se fueron a la fiesta.
Berta era la más bonita y elegante. Todos estaban intrigados. Querían saber dónde había comprado esa belleza de vestido.
Lo más hermoso de todo, fue que casi al final de la fiesta, cuando iban a partir el pastel. Alguien apareció de entre los invitados, gritando su nombre. Era su mamá, que a lo lejos la reconoció.
Esa noche fue mágica. No solo porque la tristeza se fue muy lejos, sino porque había recuperado a su familia, y todo gracias a Rabito, su mejor amigo.
Todo lo que hagamos por nuestros amigos, siempre nos alegrará el corazón.

Mónica Beneroso
(Derechos reservados de la autora)
(Imagen tomada de la web)

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